Algunas tecnologías sobreviven no dominando mercados, sino negándose a poseer a sus usuarios. XMPP, el correo electrónico y RSS explican por qué la descentralización nunca murió del todo.
Below are faithful, non-sanitised translations in French and Spanish. Same tone, same spine, no marketing fluff added.
La supervivencia silenciosa de la tecnología que no quiere tus datos
La mayoría de las tecnologías mueren haciendo ruido.
Suele haber un comunicado de prensa, un cambio de rumbo, un nuevo nombre y la promesa de que esta vez la plataforma respetará de verdad tu privacidad. Luego los servidores se apagan, la herramienta de exportación queda “temporalmente no disponible” y años de tu vida digital desaparecen detrás de una cuenta a la que ya no puedes entrar.
Sin embargo, algunas tecnologías no mueren. Simplemente… continúan.
Sin hype. Sin valoraciones absurdas. Sin fundadores carismáticos explicando por qué ahora necesitas verificar tu identidad para hablar con tus amigos. Siguen funcionando, casi invisibles, mientras plataformas más vistosas queman usuarios y credibilidad.
El correo electrónico es una de ellas. Los feeds RSS también. Y XMPP.
Qué es realmente XMPP
XMPP significa Extensible Messaging and Presence Protocol. En términos simples, es un estándar de mensajería instantánea: chat en tiempo real, estado de presencia (en línea / desconectado) y comunicación directa.
Piénsalo como el correo electrónico, pero para el chat.
Al igual que el email, cualquiera puede ejecutar un servidor XMPP. Puedes elegir un proveedor —o alojarlo tú mismo— y comunicarte con usuarios de otros servidores. No existe una empresa central que posea la red. No hay una única aplicación obligatoria. No hay una base de datos central recopilándolo todo.
XMPP se conocía originalmente como Jabber y existe desde principios de los años 2000. Soporta cifrado, chats grupales, transferencia de archivos, voz y vídeo, y funciona con muchos clientes distintos. No es experimental. Es infraestructura.
Y lo más importante: XMPP no necesita tu número de teléfono, tu nombre real ni documentos de identidad. Una dirección y un servidor bastan.
Y RSS, para comparar
RSS — Really Simple Syndication — es aún más sencillo.
Es una forma de suscribirse a actualizaciones de sitios web sin crear cuentas, sin aceptar rastreadores y sin dejar que un algoritmo decida qué ves. Tú eliges las fuentes. Ellas publican. Tu lector recoge las novedades.
Nadie “posee” los feeds. No hay cronologías manipuladas. No hay métricas de engagement decidiendo visibilidad. Si un sitio desaparece, el lector sigue adelante.
RSS nunca prometió viralidad. Prometió fiabilidad.
Por eso nunca murió del todo, a pesar de años de intentos de sustituirlo por “feeds inteligentes” que acabaron siendo trampas de atención.
Sobrevivir sin conquistar
XMPP y RSS comparten algo que las plataformas modernas detestan: se niegan a capturar a sus usuarios.
No hay encierro. No hay centralización disfrazada de “mejor experiencia”. No hay cambios arbitrarios para contentar a anunciantes o reguladores.
XMPP no persiguió el crecimiento. RSS no pivotó al vídeo. El correo electrónico no se reinventó como marca aspiracional.
Tomaron una decisión profundamente impopular: seguir siendo descentralizados.
Si un proveedor desaparece, el sistema no colapsa. Los mensajes siguen llegando. Los feeds continúan. Al protocolo no le importa.
Por eso estas tecnologías siguen aquí, mucho después de que muchas plataformas “de nueva generación” hayan desaparecido.
El verdadero coste de la comodidad
Las plataformas centralizadas venden comodidad como la comida rápida vende nutrición: funciona a corto plazo, a gran escala, con efectos secundarios que se espera que ignores.
Al principio todo es fácil. Luego llegan las cuentas bloqueadas. Los números de teléfono obligatorios. Los “sube tu documento para continuar”. La moderación algorítmica sin apelación humana.
Los sistemas descentralizados no fingen protegerte poseyéndote.
XMPP no sabe quién eres realmente. RSS no se preocupa por mantenerte enganchado. El email no te pide un selfie.
Esa indiferencia no es abandono. Es respeto.
Por qué estos sistemas se niegan a morir
El patrón es claro:
El email sobrevivió porque nadie pudo comprarlo. RSS sobrevivió porque nadie pudo apagarlo. XMPP sobrevivió porque no hay una autoridad central que corromper.
Estos sistemas no escalan como startups. Escalan como carreteras, tuberías y protocolos. Lento. Silencioso. Aburrido.
Y lo aburrido es resistente.
Se usan en empresas, sistemas embebidos, redes activistas, herramientas internas —en cualquier lugar donde la fiabilidad importa más que la marca.
No es un regreso. Es una constante.
XMPP no está volviendo. RSS no está resurgiendo. Nunca se fueron.
Simplemente dejaron de intentar impresionar.
Siguen funcionando para quienes prefieren autonomía al brillo y control a la comodidad. Personas que saben que cuando un servicio es “gratis”, la factura llega después.
Elegir lo aburrido a propósito
Escribir sobre XMPP y RSS no es nostalgia. No es rechazar la tecnología moderna. Es recordar que el futuro no pertenece solo a las plataformas que exigen tu identidad, tus datos y tu conformidad.
Algunas tecnologías sobreviven precisamente porque no quieren saber quién eres.
Existen para mover mensajes, entregar actualizaciones y luego apartarse.
En un internet obsesionado con la propiedad y el control, esa moderación es silenciosamente radical.
Y sigue funcionando.